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Es común escuchar que niños y niñas aprenden a comportarse de acuerdo con el rol que socialmente se les ha enseñado; sin embargo, estos aprendizajes son dinámicos y, cada vez más, se pueden advertir transformaciones respecto a los derechos, las expectativas y las oportunidades que se tienen actualmente en relación con el género.
La presente investigación da cuenta de los contrastes y las tensiones entre valores tradicionales y nuevos modelos más acordes a la perspectiva de la igualdad de género; específicamente, de qué manera esa tensión genera o no nuevos imaginarios para la relación entre niños, niñas y adolescentes (NNA).
Se encontró que si bien desde edades tempranas se empiezan a manifestar aprendizajes de género, estos se van reforzando, pero también cuestionando, a medida que se transita hacia la adolescencia.
Algunas enseñanzas relevantes que se pueden señalar desde ya son:

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En la siguiente sección de este informe se presentan los objetivos, alcances y aspectos metodológicos de la investigación.
Los principales resultados han sido divididos en 6 capítulos; en el primero “Vida en familia”, se abordan aspectos relacionados con la participación masculina en trabajos de cuidado y con el ejercicio de la paternidad -aunque cabe aclarar que este tema es transversal a algunos capítulos.
En el capítulo “Salud y bienestar” se abordan los hallazgos en torno a las emociones y la educación sexual.
El tercer capítulo está dedicado a las “Violencias”, tanto al interior de los hogares, como en el entorno escolar; a continuación se abordan las “Percepciones sobre la igualdad de género” y se continúa con los “Valores y percepciones sobre las masculinidades”.
En el capítulo 6, «Educación escolar”, se abordan algunos retos identificados en el espacio escolar para abonar a la igualdad de género.
A continuación, se resumen las principales conclusiones y las recomendaciones.
Mauro A. Vargas UríasDirector General de GENDES, A. C.
La investigación “Jugando a ser grandes. Cómo aprenden los niños a ser hombres”, financiada porFundación FEMSA, se realiza en el marco de laIniciativa Global para la Niñez(GBI, por sus siglas en inglés), creada porEquimundoy laKering Foundationy coordinada por Equimundo. Dicha investigación fue realizada por GENDES y se planteó lo siguiente:
Objetivos específicos




El proyecto incluye dos grandes etapas.
Una etapa de investigación, cuyos principales resultados se consignan en este documento, en la que se recopilaron y analizaron las creencias y actitudes de profesorado, personas cuidadoras y NNA (niños, niñas y adolescentes) con respecto a la construcción social de la masculinidad de niños y jóvenes, en los niveles preescolar, primaria y secundaria de cuatro ciudades de la República Mexicana: Tijuana, Baja California (ubicada en el norponiente, en la frontera con San Diego, California, E.U.A.), Monterrey, Nuevo León (en el nororiente del país), Ciudad de México (en la zona centro) y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (cerca de la frontera sur con Guatemala) con la intención de explorar similitudes en la construcción de la masculinidad, así como diferencias asociadas al contexto social, económico y cultural en las regiones mencionadas.
Con base en los resultados de la investigación, se desarrollará una siguiente etapa que incluirá propuestas de intervención para trabajar con docentes y personas cuidadoras y NNA a fin de promover actitudes y comportamientos igualitarios hacia niñas y niños con un enfoque sostenible, escalable y basado en evidencia; el énfasis se pondrá en que las personas adultas modifiquen la forma en que contribuyen en la construcción de la identidad de género de NNA y los valores que se asocian con la masculinidad.
Para cumplir con los objetivos de esta investigación se diseñó un estudio exploratorio basado en instrumentos de investigación cualitativos y cuantitativos:
El trabajo de campo se realizó en 27 escuelas de nivel preescolar, primaria y secundaria de Ciudad de México, Monterrey, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez; en esas escuelas se condujeron 84 talleres de investigación participativa realizados con 632 niñas y 675 niños, asimismo se entrevistaron a 59 profesoras, 26 profesores, 58 madres y 36 padres.
En las escuelas primarias y secundarias de la Ciudad de México, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez también se levantaron encuestas en las que participaron 564 niñas, 572 niños y 4 que se identificaron como de otro género.
La investigación contempló cinco ejes de análisis: la cuestión de cómo se involucran los padres en la crianza y desarrollo de sus hijos e hijas (paternidad), así como en el trabajo doméstico y de cuidados en el hogar (corresponsabilidad).
Asimismo, se exploró de qué manera se expresan las emociones y las ideas que hay en torno a la sexualidad. Finalmente, se indagó sobre la violencia de género que se ejerce al interior de los hogares y en el entorno escolar. Estos ejes, de acuerdo con la literatura, representan áreas en las que la masculinidad tradicional encuentra su mayor reforzamiento.
En términos de nivel escolar, 70% de las y los estudiantes que respondieron la encuesta pertenecían a clases de primaria, del tercer al sexto grado; y 30% de secundaria, grados primero y segundo. El 64% de esta muestra reporta que su padre vive con ellos.
Como limitaciones de la investigación, es necesario mencionar que la información que se presenta fue recabada en espacios urbanizados y que no se encontraron diferencias significativas entre los mismos, pero es posible que las condiciones sean diferentes en lugares rurales o con mayor presencia indígena.
Asimismo, para seleccionar a las escuelas, se solicitó el apoyo de las secretarías de educación pública de los estados para ubicar escuelas en diferentes zonas socioeconómicas de cada ciudad.
Dentro de las escuelas seleccionadas, la selección de las maestras y los maestros, así como la convocatoria de padres y madres de familia corrió a cargo de las personas directoras: es fácil suponer que se eligió a docentes con cierto perfil (formación, experiencia, etc.) y además que normalmente acudían padres y madres que tienen una mayor presencia en la escuela debido a que tienen interés en el aprovechamiento de su hijo/a y/o porque tienen mayor disponibilidad de tiempo para asistir a este tipo de actividades.
En este sentido, es probable que las opiniones recabadas entre personas adultas representen la voz de quienes cuentan con mayor información y/o están más involucrados en la formación de NNA.
A pesar de que, como se mencionó anteriormente, no se presentaron diferencias significativas entre las regiones incluidas en el estudio, es importante señalar algunos hallazgos cualitativos:

En esta sección se aborda la manera como se ejerce la paternidad y de qué forma se distribuye el trabajo dentro de los hogares.
Este segundo tema no muestra sorpresas: el trabajo doméstico y de cuidados sigue recayendo mayoritariamente en las madres.
Respecto a la paternidad, es un aspecto que es transversal a varios capítulos de este reporte; en esta sección se exploran los imaginarios sobre los ideales de paternidad, lo que se espera de los propios padres y los retos de la participación paterna en la educación de hijos e hijas.
NNA buscan un tipo de relación afectuosa (cercanía emocional) con sus padres.
Existe una tensión entre expresiones de paternidad tradicional arraigadas y expresiones nacientes que apuntan a una paternidad alternativa.

No hay claridad de cómo transitar de lo tradicional a lo alternativo.
A pesar del uso y valoración de otras estrategias de disciplina, el castigo físico persiste.
Las madres siguen siendo las principales encargadas de las tareas de cuidado.
Desde edades tempranas hay una división de los roles de cuidado.
Hay una demanda creciente de que los padres se involucren.
La corresponsabilidad va más allá del ámbito familiar.

Los resultados de las encuestas y las entrevistas respaldan lo señalado por Raquel Gaba y Salvo Agoglia (2016): la figura contemporánea de la paternidad oscila entre presencia de valores contemporáneos sobre la necesidad de generar vínculos afectivos y emocionales con hijas e hijos, junto a creencias tradicionales que resaltan el rol de proveedor y ser una figura de autoridad que muchas veces es autoritaria. Esta tensión la seguiremos viendo en otras secciones de este informe.
También se observa concordancia con los resultados en el informe sobre el estado mundial de la paternidad (Doyle y Kato-Wallace, 2021): una amplia mayoría de los padres desearía estar más involucrado en la crianza de sus hijas e hijos, pero por una serie de factores culturales y estructurales, no pueden hacerlo.
En los testimonios quedan claras las carencias en el mundo adulto para usar herramientas que acompañen los procesos de crecimiento y formación de NNA, lo que también dificulta la expresión de una paternidad más cercana y afectuosa.
Pareciera que el modelo tradicional de ser hombre/padre sigue siendo valorado porque refiere a un tiempo en el que todo parecía estar en orden, pero al mismo tiempo, empiezan a evidenciarse las limitaciones de ese modelo y se produce una tensión entre los valores tradicionales que parecían ofrecer esa sensación de orden y nuevos modelos aún por explorar que pongan en el centro la calidad de la convivencia. También se advierte que NNA perciben mayores matices en la forma como deberían comportarse sus padres.
Aunque en algunas familias algunos padres ya se involucran en el trabajo doméstico y de cuidados, en general: la participación masculina sigue siendo reducida y queda supeditada a las funciones de proveeduría que, por cuestiones estructurales, siguen recayendo en los varones; continúa siendo una responsabilidad preponderantemente femenina y esto es algo que se sigue transmitiendo generacionalmente en muchos hogares.
El equipo entrevistador detectó un creciente abandono de NNA por cuestiones estructurales (falta de políticas de corresponsabilidad que involucren al Estado y los empleadores). El hecho de que los hombres no se involucren equitativamente en el trabajo de cuidados y de que el estado no implemente suficientes políticas que faciliten la corresponsabilidad -a ello se pueden sumar las largas jornadas laborales, el tiempo gastado en los traslados, entre otros-, está incidiendo en una mayor carga de trabajo para las mujeres, pero también en un creciente abandono de NNA: el tiempo no es elástico y ante la necesidad de atender cosas urgentes (preparación de alimentos; limpieza de la ropa; atención de personas enfermas o con discapacidad, adultas mayores; etc.), se limita lo importante: la convivencia; el establecimiento y cumplimiento de límites; la expresión de afectos; el apoyo en la formación escolar; el acompañamiento emocional; etc.
Este apartado se conforma de dos grandes temas: por un lado, bajo el rubro de “emociones” se consideran diversos aspectos relacionados con la gestión emocional y con la salud socioemocional. Posteriormente, se abordan creencias relacionadas con la sexualidad.
Un porcentaje importante de NNA presenta factores de riesgo.
NNA reconocen de igual manera las emociones, pero sí muestran diferencias en su expresión.

Para el mundo adulto las emociones empiezan a verse como relevantes, pero se siguen observando carencias.
La expresión de las emociones tiene sesgos de género.
En el tema de las emociones la idea del control aparece como central.
Entrevistador:¿Cuándo fue la última vez que se sintió feliz?Padre:Cuando supe que iba a ser padre; por dentro me sentía contento, pero los demás me veían serio y pensativo, incluyendo a mi esposaE:¿Cuándo fue la última vez que sintió miedo?P:Siempre siento miedo: a no ser el papá que quiero ser; pero no lo comparto con nadie, sólo trato de sobrellevarlo.E:Afectivamente, ¿cómo se relaciona con su hijo?P:Cuando él lloraba, antes lo apapachaba, pero veo que eso no le deja seguir adelante, así que ahora le doy palabras de aliento o explicaciones.
Entrevistador:¿Cuándo fue la última vez que se sintió feliz?
Padre:Cuando supe que iba a ser padre; por dentro me sentía contento, pero los demás me veían serio y pensativo, incluyendo a mi esposa
E:¿Cuándo fue la última vez que sintió miedo?
P:Siempre siento miedo: a no ser el papá que quiero ser; pero no lo comparto con nadie, sólo trato de sobrellevarlo.
E:Afectivamente, ¿cómo se relaciona con su hijo?
P:Cuando él lloraba, antes lo apapachaba, pero veo que eso no le deja seguir adelante, así que ahora le doy palabras de aliento o explicaciones.
Hay una percepción de que existen emociones aceptables y otras que son problemáticas; en general, muchos hombres suelen apartarse de las emociones que muestren signos de vulnerabilidad que pongan en riesgo su validación masculina (Medrano, 2006; Sembade Baquerín, 2018). Este temor a la vulnerabilidad, es algo que se enseña transgeneracionalmente: “No le platico de mis emociones a mi hijo; procuro no preocuparlo. Y no le demuestro mis emociones. Platico más de alegrías” (Padre, CDMX, Secundaria, 43 años).
Es alentador que muchos padres, madres y docentes cuestionen ese modelo aprendido y traten de adoptar otras concepciones y comportamientos; por ejemplo, en el nivel preescolar se busca acompañar a niños y niñas en la gestión de sus emociones; sin embargo, los y las docentes recurren a metáforas para que las controlen o dominen. Esto contribuye a que la experiencia emocional sea confusa, difícil de verbalizar y estigmatizada, asumiendo que un buen manejo de las emociones significa restringirlas -quizá, incluso, reprimidas- en lugar de explorar qué las origina a fin de generar respuestas más «saludables» para quien las experimenta y las personas que le rodean.
Lo anterior sugiere un panorama complejo en el que NNA en pocas ocasiones encuentran un espacio seguro para expresar sus emociones, ya sea porque no cuentan con personas adultas de confianza y/o porque tienen que seleccionar qué emociones comparten con las personas y cuáles tienen que guardarse; además surgen ideas en el sentido de que la expresión emocional por parte de los hombres es algo que puede llegar a incomodar, aún cuando no esté asociada a la violencia, o bien, que lo mejor que se puede hacer con las emociones es controlarlas.
Sin embargo, la gran mayoría de las personas adultas -incluyendo gran parte de las y los docentes- limitan su discurso de la sexualidad a las relaciones coitales y a los riesgos involucrados (embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual).
La limitación de las personas adultas sobre lo que significa la sexualidad dificulta que tengan mayor peso en la educación sexual y en el diálogo con hijos e hijas.
Se advierte una identificación de la sexualidad con el acto sexual por lo que, tal como lo ha identificado Spišák (2019), buena parte del acompañamiento que hacen las personas adultas hacia NNA está dirigido a abordar diferentes riesgos vinculados a las relaciones coitales (embarazos no deseados, ITS, abusos sexuales), lo que dificulta un diálogo más amplio en las familias y las escuelas sobre este tema: relaciones de buentrato; erotismo y placer; conocimiento de los cuerpos (Sanz, 2016); la diversidad de orientaciones y expresiones sexo-genéricas; violencias sexuales; entre otros temas.
En este apartado se abordan diversos aspectos de la violencia relacionados con el género, dentro y fuera de los hogares. El elemento que más resalta en este apartado es la gran disparidad en la manera como se entiende la violencia, sus causas, su gravedad y las alternativas.
Fuerte presencia de maltrato en la infancia y adolescencia de las personas adultas.
Mayor disposición de niños y adolescentes varones a aceptar la violencia.
Dificultad para precisar cuáles son las conductas violentas y sus causas.

Responsabilización de las mujeres de la violencia de género.
Dificultad para imaginar cómo resolver conflictos de formas no violentas.
Pese a que las cifras de la encuesta a NNA muestran que los varones son más propensos a ejercer acoso escolar y además lo dirigen mayoritariamente a otros hombres, en la perspectiva de las personas adultas la violencia entre hombres ha disminuido, lo que puede evidenciar un cierto nivel de naturalización y normalización de esa violencia.
Lo que se advierte en los discursos de las personas adultas es que al no identificar la violencia como una expresión de normas culturales arraigadas y al considerar que muchas de las violencias actuales son resultado de la actuación de las mujeres, el comportamiento masculino casi siempre queda fuera de la explicación y, por lo tanto, de la posible solución.
Dado que la violencia forma parte de la experiencia de la mayor parte de las personas adultas, es explicable que les cueste trabajo visualizar formas no violentas de solucionar los conflictos. Asimismo, el hecho de que en la construcción de género se considere que los hombres son responsables de la protección de las familias, seguramente incide en que los niños y los adolescentes varones justifiquen en mayor medida que las niñas y las adolescentes mujeres el uso de la violencia como medio para solucionar conflictos.
Durante el trabajo de campo fue evidente que la igualdad de género está presente en los discursos de las diferentes poblaciones consideradas en el estudio; al mismo tiempo, se expresaban diferentes posturas (de la abierta aceptación al rechazo) y diferentes niveles de comprensión.
En esta sección se identifica qué tanto las nuevas generaciones aceptan o no los estereotipos de género y cuáles son las relaciones diferenciadas que los padres establecen con sus hijos e hijas.
Las niñas y mujeres adolescentes indicaron una visión más optimista sobre la normalización de los roles equitativos en las relaciones de pareja.
Hay una relación cercana entre padre e hijo varón, no tanto con sus hijas.

En las personas adultas no hay claridad sobre lo que implica la igualdad de género, pero prevalece la percepción de que pone en riesgo los valores sociales.
Casi la mitad de las niñas y las adolescentes consideran que ambos sexos tienen la misma capacidad de cuidar de niños y niñas, mientras que los niños y los adolescentes creen más que los dos sexos tienen capacidades diferentes. Esto demuestra, junto con otras respuestas reportadas más arriba, que si bien los NNA aprenden sobre los roles de género en las dinámicas familiares, también es cierto que las niñas y las adolescentes cuestionan en mayor medida esos aprendizajes.
Lo anterior indica que los medios de comunicación y las políticas públicas de género -la mayoría de ellas dirigidas a mujeres- están teniendo un impacto positivo en que las niñas y las adolescentes vislumbren horizontes igualitarios; sin embargo, aún no existen suficientes acciones e información que involucren a los niños y los adolescentes en la conversación sobre aspectos de igualdad.
En este apartado se presentan las principales características que son asociadas al ideal del ser hombre, así como la percepción que se tiene sobre los cambios producidos en los últimos años sobre los valores de la masculinidad.
Prevalecen imaginarios del ser hombre asociado al ejercicio de la autoridad y la proveeduría.
Las mujeres ven y valoran aspectos alternativos de la masculinidad en mayor medida que los varones.
No existen referentes claros sobre nuevas identidades masculinas y qué tanto se está avanzando en ese sentido.

Las posturas frente a la diversidad sexual son ambivalentes.
Los resultados de la investigación muestran que aunque socialmente se cuestionan algunas expresiones de la masculinidad, no existe claridad, primero, de que realmente sea un problema para muchas de las personas, y segundo, tampoco hay certezas de qué cambiar o hacia dónde cambiar; ante ello, parecen convivir valores alternativos, neutros y tradicionales, pero al parecer los hombres no necesariamente están cambiando en la dirección deseada por muchas de las personas entrevistadas y entonces se critican las transformaciones observadas: pérdida del rol de proveeduría, ejercicio de violencias, que no asuman responsabilidades: “Los hombres han perdido la brújula en cuanto a su responsabilidad, han dejado de hacerse responsables de la familia” (Maestro, CDMX, Secundaria, 38 años).
En general, las mujeres -independientemente de su etapa etaria- tienden a darle más valor a nuevos comportamientos masculinos (mayor participación en el trabajo doméstico y de cuidados, coparticipación en la toma de decisiones, libertad para crecimiento personal); en contrapartida, a los hombres les cuesta construir otros tipos de imaginarios de masculinidad que rompan con las ideas preestablecidas del hombre proveedor, protector y figura de autoridad. Esto se puede deber a las dificultades de salirse del pacto patriarcal debido al riesgo constante de poder ser considerado como un no-hombre (Kimmel, 1997; Segato, 2018).
También se advierte una dificultad generalizada para aceptar que la masculinidad no es sinónimo de heterosexualidad; tal como también lo identifican Ramírez, Ballesteros y Tornay (2021), la homosexualidad sigue considerándose como falta o carencia de masculinidad en los hombres jóvenes mexicanos. El grupo de población que reporta mayor prevalencia de experiencias de discriminación son quienes se adscriben a la diversidad sexual y de género (INEGI, 2022, pag.169).
Es interesante resaltar que las referencias a posibles cambios en la expresión de las masculinidades casi siempre se refieren a los ejes de corresponsabilidad, paternidad y violencia; pero casi nunca a la expresión de las emociones y jamás a la sexualidad.
El tema de la educación es muy amplio, pero aquí se aborda desde los retos que se identifican en el ámbito escolarizado para promover la igualdad de género y nuevos modelos de expresión masculina. Hay tres temas que surgieron al entrevistar a las y los docentes: relaciones entre educación escolar y educación familiar; educación socio-emocional y manejo de conducta; falta de un enfoque de género (‘gender-blind’ approach).
Limitaciones de las escuelas en la transmisión de nuevos valores de género
En general, el personal docente considera que la influencia de su labor es limitada, debido a que lo que se enseña en la escuela es cuestionado por prácticas o mensajes que prevalecen en muchos hogares.
Si bien la información obtenida en el estudio permite extraer conclusiones para diversos sectores, nos parece relevante rescatar las dirigidas a las políticas públicas en general, a las que corresponden específicamente al sector educativo y las dirigidas a los medios de comunicación.
A continuación se presentan las principales conclusiones (indicadas con un punto) organizadas a partir de las recomendaciones (identificables por el círculo) que se hacen para el trabajo con NNA para cada uno de los tres sectores referidos.
Paternidades y crianza
Muchos padres desean expresar una paternidad más cercana y afectuosa, pero no cuentan con suficientes referentes.
Los padres no siempre tienen suficiente tiempo disponible para asistir a reuniones presenciales o convivir adecuadamente con hijos e hijas.
Los padres tienen mayor cercanía en la crianza con sus hijos que con sus hijas.
Existe escasa participación masculina en el trabajo doméstico y de cuidados.
En más de un tercio de los hogares, el padre no habita en la misma casa que sus hijos e hijas.
Salud mental y emocional
Importantes porcentajes de NNA consideran que deben hacerse cargo de sus emociones sin pedir ayuda.
Las personas adultas tienen una percepción limitada de lo que implica la sexualidad, lo que se traduce en que la escasa información dirigida a NNA tenga un enfoque biologicista y enfocada en los riesgos de las relaciones sexuales.
Prevención de la violencia
El castigo corporal sigue ocupando un lugar central en la crianza y educación de NNA.
La familia es el espacio donde mayor violencia se registra.
Existe dificultad para reconocer la amplia gama de conductas que pueden considerarse violentas.
Igualdad de género, masculinidades y diversidad sexual
Las personas adultas temen que la igualdad de género conduzca a la pérdida de valores.
Existe poca claridad de lo que significa o implica una masculinidad alternativa.
Continúan existiendo prejuicios y rechazo hacia personas de la diversidad sexual.
Paternidades y crianza
Los padres no siempre tienen suficiente tiempo disponible para asistir a reuniones presenciales o convivir adecuadamente con hijos e hijas.
Ha quedado de manifiesto que existen tensiones entre lo que se trabaja en las aulas en materia de igualdad de género y lo que NNA viven en los hogares.
Salud mental y emocional
Prevalece la opinión de que la mejor forma de manejar las emociones es controlarlas.
Importantes porcentajes de NNA consideran que deben hacerse cargo de sus emociones sin pedir ayuda.
Las personas adultas tienen una percepción limitada de lo que implica la sexualidad, lo que se traduce en que la escasa información dirigida a NNA tenga un enfoque biologicista y enfocada en los riesgos de las relaciones sexuales.
Prevención de la violencia
Existe dificultad para reconocer la amplia gama de conductas que pueden considerarse violentas.
15% de NNA encuestados refirieron recibir constantemente violencia en el ámbito escolar.
Igualdad de género, masculinidades y diversidad sexual
Las personas adultas temen que la igualdad de género conduzca a la pérdida de valores.
Existe poca claridad de lo que significa o implica una masculinidad alternativa.
Continúan existiendo prejuicios y rechazo hacia personas de la diversidad sexual.
La perspectiva de género se aborda como concepto, pero no hay un entrenamiento para observar las desigualdades de género en las dinámicas relacionales dentro del aula.
Paternidades y crianza
Muchos padres desean expresar una paternidad más cercana y afectuosa, pero no cuentan con suficientes referentes.
Los padres tienen mayor cercanía en la crianza con sus hijos que con sus hijas.
Existe escasa participación masculina en el trabajo doméstico y de cuidados.
En más de un tercio de los hogares, el padre no habita en la misma casa que sus hijos e hijas.
Salud mental y emocional
Importantes porcentajes de NNA consideran que deben hacerse cargo de sus emociones sin pedir ayuda.
Las personas adultas tienen una percepción limitada de lo que implica la sexualidad, lo que se traduce en que la escasa información dirigida a NNA tenga un enfoque biologicista y enfocada en los riesgos de las relaciones sexuales.
Prevención de la violencia
El castigo corporal sigue ocupando un lugar central en la crianza y educación de NNA.
Existe dificultad para reconocer la amplia gama de conductas que pueden considerarse violentas.
15% de NNA encuestados refirieron recibir constantemente violencia en el ámbito escolar.
Igualdad de género, masculinidades y diversidad sexual
Las personas adultas temen que la igualdad de género conduzca a la pérdida de valores.
Existe poca claridad de lo que significa o implica una masculinidad alternativa.
Continúan existiendo prejuicios y rechazo hacia personas de la diversidad sexual.
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