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Jugando a ser grandes

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Jugando a ser grandes: Cómo aprenden los niños a ser hombres

Presentación

Las niñeces aprenden a comportarse de acuerdo con los roles de género que se les enseñan socialmente; sin embargo, estos aprendizajes son dinámicos y se relacionan con las transformaciones en los derechos, las expectativas y las oportunidades vinculadas con el género.

La investigación analiza las tensiones entre los valores tradicionales y los modelos relacionados con la igualdad de género, así como su presencia en las relaciones entre las niñeces y las adolescencias.

Los resultados muestran que los aprendizajes de género se manifiestan desde edades tempranas y que, durante el tránsito hacia la adolescencia, pueden reforzarse, pero también cuestionarse.

Descarga la versión completa de la investigación para profundizar en sus hallazgos y conocer el trabajo desarrollado.

El informe presenta los objetivos, alcances y aspectos metodológicos de la investigación. Sus principales resultados se organizan en seis capítulos: Vida en familia, que aborda la participación de las personas que ejercen la paternidad en las tareas de cuidado y el ejercicio de la paternidad, un tema transversal en el informe; Salud y bienestar, que examina las emociones y la educación sexual; Violencias, que analiza las violencias en los hogares y en el entorno escolar; Percepciones sobre la igualdad de género; Valores y percepciones sobre las masculinidades; y Educación escolar, que presenta los retos identificados en el ámbito educativo para promover la igualdad de género.

Introducción

La investigación “Jugando a ser grandes. Cómo aprenden los niños a ser hombres” fue realizada por GENDES, organización implementadora en México de la Iniciativa Global para la Niñez (GBI, por sus siglas en inglés), creada por Equimundo y Kering Foundation y coordinada por Equimundo, con el apoyo financiero de Kering Foundation y Fundación FEMSA.

El proyecto contempla dos etapas. La primera corresponde a la investigación, cuyos principales resultados se presentan en este informe. En ella se recopilaron y analizaron las creencias y actitudes del profesorado, las personas cuidadoras y las niñeces y adolescencias respecto de la construcción social de las masculinidades, en los niveles preescolar, primaria y secundaria de cuatro ciudades mexicanas: Tijuana, Monterrey, Ciudad de México y Tuxtla Gutiérrez. El estudio buscó explorar las similitudes en la construcción de las masculinidades y las diferencias asociadas con los contextos sociales, económicos y culturales de esas ciudades.

El proyecto contempla una segunda etapa de intervención, basada en los resultados de esta investigación, que incluye propuestas dirigidas al personal docente, las personas cuidadoras y las niñeces y adolescencias, con el propósito de promover actitudes y comportamientos igualitarios mediante un enfoque sostenible, escalable y basado en evidencia.

Para cumplir con sus objetivos, la investigación se diseñó como un estudio exploratorio con instrumentos cualitativos y cuantitativos. El trabajo de campo se realizó en 27 escuelas de nivel preescolar, primaria y secundaria de Ciudad de México, Monterrey, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez. En ellas se llevaron a cabo 84 talleres de investigación participativa, con la participación de 632 niñas y 675 niños. Además, se entrevistó a 59 profesoras, 26 profesores, 58 madres y 36 padres.

También se aplicaron encuestas en escuelas primarias y secundarias de Ciudad de México, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez. Participaron 564 niñas, 572 niños y 4 estudiantes que se identificaron con otro género.

La investigación contempló cinco ejes de análisis: la participación de quienes ejercen la paternidad en la crianza y el desarrollo de las niñeces y adolescencias; el trabajo doméstico y de cuidados en el hogar; la expresión de las emociones; las ideas y creencias sobre la sexualidad; y las violencias relacionadas con el género en los hogares y en el entorno escolar. Según la literatura revisada, estos ejes constituyen ámbitos en los que se refuerza la masculinidad tradicional.

Entre quienes respondieron la encuesta, 70 % cursaba primaria, de tercero a sexto grado, y 30 % secundaria, de primero a segundo grado. Además, 64 % reportó que su padre vivía en el mismo hogar.

Entre las limitaciones del estudio se señala que la información fue recabada en contextos urbanos. No se encontraron diferencias significativas entre las ciudades participantes, pero el informe advierte que las condiciones podrían ser distintas en zonas rurales o con mayor presencia indígena. Para seleccionar las escuelas, se solicitó el apoyo de las secretarías de educación de los estados, con el propósito de incluir planteles ubicados en distintas zonas socioeconómicas de cada ciudad.

La selección del personal docente y la convocatoria de madres y padres estuvieron a cargo de las direcciones escolares. El informe señala que este procedimiento pudo favorecer la participación de docentes con determinados perfiles de formación y experiencia, así como de personas adultas con mayor presencia en la escuela o mayor disponibilidad para participar. Por ello, las opiniones recabadas entre las personas adultas podrían representar principalmente a quienes cuentan con mayor información o involucramiento en la formación de las niñeces y adolescencias.

A partir de estas consideraciones, el informe presenta algunos hallazgos cualitativos:

1. Vida en familia

Esta sección analiza el ejercicio de la paternidad y la distribución del trabajo doméstico y de cuidados en los hogares. Los resultados muestran que estas tareas siguen recayendo principalmente en las madres, mientras que la paternidad constituye un tema transversal en distintos capítulos del informe.

Paternidad

Los resultados muestran que las niñeces y adolescencias valoran una relación afectuosa y cercana con sus padres, mientras que entre las personas adultas persiste una concepción de la paternidad asociada con la proveeduría, la autoridad y la disciplina. Al mismo tiempo, surgen expectativas de una paternidad más activa y afectuosa, aunque el informe señala que aún no existe claridad sobre cómo transitar de un modelo tradicional a uno alternativo. Por ejemplo, aunque se utilizan y valoran otras estrategias de disciplina, el castigo físico persiste.

Corresponsabilidad

Los resultados muestran que las madres continúan asumiendo la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidados, mientras que desde edades tempranas se transmiten divisiones de género en la distribución de estas responsabilidades. Aunque existe una demanda creciente de mayor participación de quienes ejercen la paternidad, su involucramiento sigue siendo reducido y suele entenderse como una ayuda a las mujeres, en lugar de asumirse como una responsabilidad compartida dentro del hogar.

Los resultados de las encuestas y las entrevistas coinciden con lo señalado por Gaba y Agoglia (2016), así como con el informe de Doyle y Kato-Wallace (2021), al mostrar la coexistencia de vínculos afectivos como expectativa de la paternidad y de creencias tradicionales asociadas con la proveeduría y la autoridad. Asimismo, los testimonios señalan que muchas personas adultas carecen de herramientas para acompañar el crecimiento y la formación de las niñeces y adolescencias. El informe plantea que la corresponsabilidad también requiere condiciones institucionales, pues las jornadas laborales, los traslados y la falta de políticas que involucren al Estado y a las personas empleadoras pueden limitar el tiempo destinado a la convivencia, el acompañamiento escolar y el apoyo emocional.

2. Salud y bienestar

Este apartado aborda dos temas: las emociones, incluida su gestión y la salud socioemocional, y las creencias relacionadas con la sexualidad.

Emociones

La investigación señala que las niñeces y adolescencias reconocen sus emociones de manera similar, aunque existen diferencias en la forma de expresarlas. Si bien las personas adultas comienzan a reconocer la importancia de las emociones, persisten dificultades para comprenderlas y acompañarlas; además, su expresión está atravesada por sesgos de género y por la idea de que deben controlarse.

Un testimonio de un padre mostró las dificultades para expresar y compartir determinadas emociones. Al preguntarle cuándo fue la última vez que se sintió feliz, respondió que fue cuando supo que sería padre; aunque internamente se sentía contento, las demás personas, incluida su esposa, lo percibían serio y pensativo. Al preguntarle por el miedo, señaló: “Siempre siento miedo: a no ser el papá que quiero ser; pero no lo comparto con nadie, sólo trato de sobrellevarlo”.

Respecto a la manera de acompañar a su hijo, explicó que antes lo abrazaba cuando lloraba, pero que dejó de hacerlo porque consideraba que eso no le ayudaba a seguir adelante; en su lugar, comenzó a ofrecer palabras de aliento o explicaciones.

Educación sexual

La investigación señala que la gran mayoría de las personas adultas, incluida gran parte del personal docente, limita su discurso sobre la sexualidad a las relaciones coitales y a la prevención de embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual.

El acompañamiento dirigido a las niñeces y adolescencias también aborda riesgos como los abusos sexuales, pero esta perspectiva restringida dificulta el diálogo en las familias y las escuelas sobre otros aspectos de la sexualidad, como las relaciones basadas en el buentrato, el conocimiento de los cuerpos, el erotismo, el placer, la diversidad de orientaciones y expresiones de género y las violencias sexuales.

3. Violencias

Este apartado analiza diversas formas de violencia relacionadas con el género, tanto en los hogares como en el entorno escolar. El informe destaca la disparidad entre las personas participantes en la manera de comprender la violencia, sus causas y su gravedad.

La mayoría de las personas adultas entrevistadas refirió haber crecido en contextos familiares donde la violencia era recurrente. También se identificaron dificultades para reconocer determinadas conductas violentas y sus causas, así como para imaginar formas no violentas de resolver los conflictos.

La investigación señala una mayor disposición de los niños y adolescentes varones a aceptar la violencia. Aunque los resultados de la encuesta muestran que los varones ejercen acoso escolar con mayor frecuencia y que este se dirige principalmente hacia otros varones, las personas adultas perciben una disminución de la violencia entre hombres. El informe plantea que esta diferencia podría relacionarse con la naturalización y minimización de ese tipo de violencia.

En los discursos de las personas adultas también aparece la tendencia a atribuir a las mujeres la responsabilidad de la violencia de género, mientras el comportamiento masculino queda fuera de la explicación y de las posibles soluciones. El informe plantea que la experiencia de la violencia y la idea de que los hombres deben proteger a sus familias podrían contribuir a que los niños y adolescentes varones justifiquen en mayor medida el uso de la violencia para resolver conflictos.

4. Percepciones sobre la igualdad de género

La igualdad de género está presente en los discursos de las poblaciones participantes, aunque existen posturas que van desde la aceptación hasta el rechazo y distintos niveles de comprensión. Las niñas y adolescentes muestran una visión más favorable sobre los roles igualitarios, mientras que las personas adultas expresan dudas sobre el significado de la igualdad de género y la perciben como una posible amenaza para los valores sociales.

También se identifica una relación más cercana entre padres e hijos varones que entre padres e hijas.

En relación con el cuidado, 50% de las niñas y adolescentes consideró que hombres y mujeres tienen la misma capacidad para cuidar, frente a 39% de los niños y adolescentes varones. La investigación señala que, aunque las niñeces y adolescencias aprenden roles de género en las dinámicas familiares, las niñas y las adolescentes cuestionan esos aprendizajes en mayor medida.

5. Valores y percepciones sobre masculinidad

Persisten imaginarios de la masculinidad asociados con la autoridad, la proveeduría y la protección, aunque las mujeres valoran en mayor medida los comportamientos alternativos en los varones, como la participación en el trabajo doméstico y de cuidados, la toma compartida de decisiones y la libertad para el desarrollo personal. Sin embargo, no existen referentes claros sobre identidades masculinas alternativas ni sobre la dirección de los cambios.

El informe señala que conviven valores tradicionales, neutros y alternativos, sin claridad sobre qué debería cambiar. Algunas personas entrevistadas cuestionan transformaciones relacionadas con la pérdida del rol de proveedor, el ejercicio de la violencia y la falta de responsabilidad familiar: “Los hombres han perdido la brújula en cuanto a su responsabilidad, han dejado de hacerse responsables de la familia” (Maestro, CDMX, Secundaria, 38 años).

También se identifican posturas ambivalentes frente a la diversidad sexual y dificultades para aceptar que la masculinidad no es sinónimo de heterosexualidad. Las posibles transformaciones se relacionan principalmente con la corresponsabilidad, la paternidad y la violencia, y rara vez con las emociones o la sexualidad.

6. Educación escolar

Esta sección analiza los retos que enfrenta el ámbito escolar para promover la igualdad de género y formas alternativas de expresión de las masculinidades. A partir de las entrevistas con el personal docente, se identificaron tres temas: la relación entre la educación escolar y la familiar, la educación socioemocional y el manejo de la conducta, y la falta de una perspectiva de género en las prácticas escolares.

El personal docente considera que su trabajo tiene un alcance limitado porque algunos mensajes y prácticas presentes en los hogares contradicen lo que se enseña en la escuela.

Recomendaciones

Las recomendaciones se organizan en tres ámbitos: políticas públicas, espacios educativos y medios de comunicación. En cada uno se retoman los hallazgos sobre paternidades y crianza, salud mental y emocional, prevención de las violencias, igualdad de género, masculinidades y diversidad sexual.

Políticas públicas

Las recomendaciones dirigidas a las políticas públicas se enfocan en crear condiciones estructurales para la corresponsabilidad, mediante acuerdos laborales y medidas que permitan distribuir de manera equitativa el trabajo doméstico y de cuidados entre las familias, el Estado y el mercado.

También se propone fortalecer las políticas de salud mental y emocional, ampliar la educación sexual integral y promover servicios de atención para las adolescencias.

Asimismo, se recomienda promover formas de crianza basadas en el cuidado y el buentrato, impulsar alternativas no violentas para resolver conflictos y crear espacios de reflexión sobre las masculinidades y las violencias de género.

El informe también propone generar un debate informado sobre la igualdad de género, difundir distintas formas de ejercer las masculinidades y fortalecer la información y los servicios dirigidos a las personas de la diversidad sexual.

Espacios educativos

En las escuelas, se recomienda facilitar la comunicación con las familias, incluyendo el uso de herramientas tecnológicas para favorecer la participación de quienes tienen poco tiempo disponible, e involucrar a padres, madres y personas cuidadoras en objetivos pedagógicos delimitados.

También se propone incorporar actividades para explorar las emociones, ampliar los contenidos de educación sexual y trabajar sobre las masculinidades, la igualdad de género, la diversidad sexual y la prevención de las violencias. Estas acciones deben acompañarse de capacitación docente para identificar desigualdades de género y dinámicas violentas en el aula.

Medios de comunicación

Las recomendaciones para los medios consisten en difundir referentes de paternidades afectivas, corresponsables y no violentas, así como mostrar los beneficios de la participación masculina en el trabajo doméstico y de cuidados.

También se propone visibilizar las distintas formas en que las personas, especialmente los hombres, pueden expresar y gestionar sus emociones.

Además, se recomienda ofrecer información amplia sobre sexualidad, documentar las distintas formas de violencia de género y mostrar alternativas no violentas para resolver conflictos.

Finalmente, los medios pueden contribuir a un debate informado sobre la igualdad de género y difundir información basada en derechos humanos sobre experiencias de inclusión de personas de la diversidad sexual.

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